EL MAL DE OJO.
RELATO.
Doña Florentina Márquez, estaba sentada en su taburete en la sala de su casa, mientras, tomaba su café con la taza en su mano acompañado de pan casero elaborado por ella misma, viendo de frente al televisor su novela preferida. Iban a dar las seis de la tarde, de manera intempestiva entró por la puerta principal una señora joven, llevando en sus brazos a un niño como de un año y medio de edad, se fue directo hasta donde estaba sentada doña Florentina:
-Tía Flori, tía Flori, la vengo a buscar, mi niño se muere.
-Como que se muere, le pasa algo –preguntó doña Florentina con mucha calma, sin dejar de tomar su café.
-Si tía, mírelo usted misma, no se le quita el vómito ni la diarrea. Sin duda tiene mal de ojo. No para de llorar, siente muchas molestias.
-A ver, tráemelo hacia acá, voy a revisar bien a este muchacho.
Doña florentina sin ninguna preocupación, ni prisas, tomó al niño entre sus brazos sosteniéndolo un rato, luego lo puso sobre sus piernas a manera de observarlo mejor. El niño con tanto llanto no se estaba quieto por más los mimos de doña Florentina, se daba vueltas de un lado hacia otro, pataleaba, se quería zafar de los brazos. Para relajarlo mejor le comenzó a sobar la espalda, le puso la palma de su mano en la frente, constató la fiebre muy alta de su cuerpo. Le siguió sobando suave la espalda, el niño dejó de llorar por tanto cansancio, al fin cerró los ojos y se durmió.
-Hija tráeme un ramito de albahaca, un frasco de alcohol y un huevo de gallina de patio –le ordenó a una de sus nueras.
Todos los ingredientes pedidos por doña Florentina, se los pasaron de inmediato, le llevaron también una toalla limpia, y un vaso de cristal lleno de agua.
-Se va poner bien mi hijito, tía Flori, –preguntó la madre del niño con un llanto incontenible.
-Desde luego, se va poner bien, tiene un mal de ojo del más malo. Es ojo de borracho, alguno lo vio y le cayó bien, no lo abrazó, ni tú se lo diste a que lo acariciara, de lo contrario no estuviera enfermo.
-Apestaba mucho a trago tía.
-Qué importa, vale más la vida del niño.
-No pensé que se fuera a poner tan mal.
-Se va a curar hija, ya te dije, pero ya deja de llorar por favor, me pones nerviosa –dijo doña Florentina un poco molesta por la actitud de la joven.
La mujer se quedó callada, ya estaba confiando en las manos de doña Florentina Márquez, afamada curandera del mal de ojo y otras enfermedades comunes en el pueblo de Villacorzo, de diferentes partes le llevaban niños enfermos de este mal, hasta de Villaflores le llegaban pacientes diariamente.
Ordenó le desocuparan la mesa donde realizaba sus curaciones, le pusieron encima una sábana limpia y los materiales de curación, colocó suavemente al niño acostándolo envuelto en la toalla. Mandó a lavar el huevo cuando lo vio manchado de heces de la gallina, después lo metió en medio del manojito de albahaca y le roció un poco de alcohol, así como estaba goteando el líquido destilado lo comenzó a pasar en el cuerpo del niño. Lo estuvo frotando levemente desde la cabeza hasta los pies, luego detuvo el manojo con el huevo sobre las sienes del niño, en la frente, en la mollera, y al final lo depositó en la nuca. La criatura no paraba de llorar por el frío del manojo mojado, trató de calmarlo, sacó el huevo del manojo y se lo estuvo pasando en las plantas de los pies, en las palmas de sus manitas. Luego le dio la vuelta y así embrocado hizo lo mismo en la espalda, cabeza, nuca, piernas, luego volvió a colocar el huevo sobre la nuca reteniéndolo ahí por un buen rato. Pasado unos instantes, retiró el huevo del cuerpo del niño, lo quebró con detenimiento echando el contenido en el vaso de cristal con agua, de inmediato comenzó a subir unos hilos confusos de la clara del huevo, lo demás quedó asentado en el fondo del vaso. Levantó el vaso a la altura de sus ojos, lo comenzó a observar dándole vueltas el vaso, en tanto movía la cabeza de un lugar a otro en señal de desagrado. Se quedaba mirando fijamente tratando de leer los enigmas del huevo, vio las pequeñas burbujas, los hilos blancuzcos subidos hasta la superficie del agua, la coloración, las formaciones de las manchas, según sus conocimientos, ya había hecho su diagnóstico con mayor exactitud.
-Qué bárbaro con esto, es un ojo malísimo, manera de tener tanta energía negativa ese pobre hombre.
Con esos masajes en la longitud del cuerpecito, a ese tiempo el niño ya estaba relajado por completo, paró de llorar y se quedó bien dormido sobre la mesa, doña Florentina Márquez no lo movió diciendo así debía reposar a modo de que el mal se disipara en su totalidad. Al término de una hora de estar dormido el niño, la curandera lo despertó dándole golpecitos en las piernas a fin de no asustarlo, constatando el hambre contenida por estar pidiendo comida en cuanto abrió los ojos. La señora llamó a la madre del niño, y le dijo:
-Ve a la casa de ese borracho, dile a su familia que te hagan el favor de darte prestado una camisa de ese fulano, pero que ya esté usada, de preferencia sudada aunque tenga mal olor. Estando en tu casa lo vas a cubrir bien el niño con la camisa, le va a dar mucho sueño, tu deja que duerma lo necesario, cuando despierte le quitas la camisa y ya estará curado. No te vayas a olvidar de darle de comer al niño.
La mujer tomó en sus brazos a su hijo y se fue rápido a su casa, allá hizo lo indicado por la sanadora, al no volver hacia la casa de doña Florentina, se entendió que el niño ya estaba curado.
Doña Florentina Márquez volvió a sentarse en su taburete, pidió más café y un generoso pedazo de pan de cazueleja, siguió mirando en el televisor la segunda novela.
Osiel Nucamendi Vázquez. Cronista de la ciudad de Villacorzo.
Chiapas, México a 14 de septiembre de 2021.
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